INECIP en los medios

“Eleva el estándar de la Justicia”

Aldana Romano es directora del Inecip, una de las organizaciones que promovió el juicio por jurados. Entrevistada por PáginaI12, sostuvo que “el jurado reconoció la figura del femicidio, cuando muchos jueces no la aplican”.

14 Jun 2017

“El jurado dio un mensaje contundente: reconoció la figura del femicidio, cuando todavía muchos jueces profesionales no la reconocen ni la aplican en el país”, señaló en diálogo con PáginaI12 Aldana Romano, politóloga y directora del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (Inecip), al desgranar el juicio contra Fernando Farré. Desde su perspectiva, el juicio por jurados “inevitablemente eleva el estándar de justicia” porque exige a las partes presentar de la mejor manera la prueba. “Cualquiera que haya presenciado el juicio, coincidiría con el mismo veredicto” que se conoció ayer, añadió. Y destacó que Argentina es el único país en el que hay una cláusula de paridad, es decir, la mitad de los integrantes tienen que ser mujeres y la otra, varones: “Es una innovación argentina que ha sido muy bien vista en Estados Unidos. Lo ven más justo porque en el juicio por jurados es la sociedad la que se sienta a juzgar”, precisó.

Romano forma parte de un equipo que está investigando el funcionamiento de los jurados en Neuquén y la provincia de Buenos Aires, en el que participa una especialista de la Universidad de Cornell, Estados Unidos.

–¿Estuvo bien que la defensa de Farré excluyera del jurado a quienes adherían a la consigna Ni Una Menos?

–Para seleccionar a los miembros del jurado, las partes y el juez tienen que procurar encontrar a 12 personas imparciales. Ni conocidos de la víctima ni del imputado. Y se excluyen los que tengan alguna cercanía con el caso, o que manifiesten contrariedad con el sistema de justicia. Es lógico y entendible que la defensa pregunte en la audiencia de selección si alguno tiene una posición tomada sobre Ni Una Menos. Por ley, quedan excluidos los funcionarios públicos, quienes trabajan en el Poder Judicial, abogados, e integrantes de fuerzas de seguridad. Las personas que pueden ser jurados se sortean a fin de año, con la terminación del DNI. Y de entre ellas, se separan 40 de la jurisdicción judicial donde se hace el juicio: de ahí surgen los 12 titulares y 4 a 6 suplentes. La fiscalía y la querella también pueden hacer preguntas durante la selección. La fiscalía no va a querer machistas en el jurado en este caso.

–¿Qué impacto tiene esta forma de juzgar en el sistema judicial?

–Inevitablemente se eleva el estándar de la Justicia. Los primeros juicios por jurados en la provincia de Buenos Aires terminaron en absoluciones, en casos de homicidios mayoritariamente, porque los fiscales presentaron mal el caso. Fueron a litigar un juicio por jurados como si fuera un juicio ordinario donde habitualmente los jueces suplen las deficiencias de los fiscales.

–¿Por ejemplo?

–No presentar la prueba más relevante durante el juicio. No vas a ir con 50 testigos que digan más o menos lo mismo. Los obligó a litigar con las características del juicio oral, que hasta ahora no lo hacían. Los jurados solo pueden absolver o culpabilizar sobre las pruebas que se exponen en el juicio. Entonces, los fiscales no pueden hablarles a los jurados de lo que hay en el expediente.

–¿Qué destacaría desde una mirada de género?

–El jurado en este caso entendió que estaba dando un mensaje a la sociedad contundente: reconoció la figura del femicidio, cuando todavía muchos jueces profesionales no la reconocen ni la aplican en el país. El jurado hace una interpretación de la ley de acuerdo con el caso particular y con los valores que tiene la sociedad en ese momento. Hubo un caso en Azul donde la acusada era una joven que mientras cenaba había asesinado a su padre. Se supo en el juicio que el hombre la maltrataba y abusaba de ella y consideraron que actuó en legítima defensa, aunque no había sido atacada en ese momento en que lo mata. Interpretaron que se defendió de los ataques que recibió toda la vida. Un juez profesional no le habría aplicado esa figura, y la hubiera condenado por homicidio agravado por el vínculo. Los jurados interpretan el caso a la luz de las preocupaciones de la sociedad. En la causa contra Farré –como en el de Azul–, claramente lo hicieron. Cualquiera que asistió al juicio estaría de acuerdo con el veredicto: fue acorde a las pruebas que se produjeron.

–El lunes Farré leyó una carta que había escrito a sus hijos y se interpretó como una maniobra para conmover a los jurados…

–De charlas informales con quienes han integrado jurados en Neuquén y Buenos Aires, surge que si no está la prueba, no toman en cuenta los artilugios de los abogados defensores.

–¿Es frecuente que se llegue a una decisión unánime?

–No es el primer caso, pero si el primero que exigía unanimidad. Si los 12 no estaban de acuerdo no se podía aplicar la perpetua. Rompe con prejuicios, como que el jurado no se ponga de acuerdo y se estanque el juicio. En el mundo no son muchos los casos: cuando se estancan el mensaje del jurado es que la prueba no alcanza ni para absolver ni para condenar. Y exigen a las partes que hagan bien su trabajo. En esos casos, se debe hacer un nuevo juicio.

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