INECIP en los medios

“Hace falta una generación de políticos que no tenga miedo”

Alberto Binder, presidente de Inecip, opina sobre las políticas de seguridad, los servicios de inteligencia, la Justicia Federal, entre otros temas.

22 Feb 2019

Dice que Mauricio Macri convirtió en doctrina la política de autonomía policial que avalaron todos los gobiernos en los últimos 20 años. Afirma que la campaña de mano dura del macrismo genera un enorme riesgo social pero advierte que no encuentra oposición y sostiene que hace falta una nueva generación de políticos que no tenga miedo a pelear en el terreno de la seguridad y a enfrentar el poder mafioso que une a los servicios de inteligencia con los partidos tradicionales y los tribunales federales. Alberto Binder es un cuerpo extraño en el mundo de la Justicia: con una larga formación, acredita la experiencia de transformar fuerzas de seguridad y parir reformas judiciales en países de América Latina y el Caribe. Profesor de posgrado de Derecho Procesal Penal en la UBA, presidente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (Inecip), Binder integra el Acuerdo por la Seguridad Democrática que impulsa una serie de medidas que avanza y retrocede, a tono con el humor social y lo que marcan las encuestas. Un análisis descarnado como pocos y un pensamiento blindado ante el pesimismo.

Por Diego Genoud para Cosercor Noticias

¿Cómo definiría la política de Cambiemos en seguridad?

–Es la continuidad de lo peor de política de seguridad del gobierno anterior. El kirchnerismo no se caracterizó por una política de seguridad progresista o intensa de reformas, pero permitió que se instalara un debate. Tenías por un lado, los intentos de reforma de Solá y Garré y, por el otro, la línea de Aníbal Fernández y de Berni, de autonomía de las Policías, con mayor o menor nivel de control. Este gobierno le da continuidad a la línea conservadora del anterior. Nadie puede creer que la disyuntiva sea Berni versus Bullrich.

No ve diferencia de fondo.

–No. Posiblemente Berni y Fernández tenían un control más inteligente, ciertas líneas que no iban a pasar. Pero el debate es el mismo hace 20 años: acentuar el control político y democrático con mayor eficacia o construir Policías autónomas a las que hay que bancar. El Gobierno convirtió en una doctrina la autonomía policial -antes algo no dicho, pero ejecutado- y exageró ideológicamente los componentes fascistoides del modelo.

¿Cómo explica que Patricia Bullrich sea una de las funcionarias más elogiadas por los votantes del Gobierno?

–La vieja idea de limpieza social anda dando vueltas por la sociedad, siempre. La Policía nunca ha tenido problemas con su estructura normativa de uso de armas. Desde hace 100 años, el Código Penal dice que si un policía mata a alguien, en cumplimiento de su deber, no es punible. Bullrich no va a inventar nada.

¿Rige hoy la doctrina Chocobar?

–La doctrina Chocobar es absurda, ya fue rechazada por la Justicia y no creo que los policías la adopten en la práctica. En mi experiencia de trabajo, los policías le tienen mucho miedo a la Justicia porque dicen “los políticos hacen campaña y después yo quedo atado a un proceso judicial y nadie se acuerda de mí”. El entrenamiento de las fuerzas de seguridad es extremadamente deficiente.

¿Es sólo una estrategia de campaña?

–Hay un uso demagógico, ideológico e irresponsable porque esto puede tener efecto en policías que no tienen entrenamiento, que apenas han aprendido a tirar y pueden hacer desastres. Genera un peligro social enorme. Tenés 200 mil personas armadas en todo el país, no sólo federales, y vos decís: “disparen, después vemos”. ¡Es una locura en términos de riesgo social!

 –¿Qué gana el Gobierno con este debate?

–El Gobierno ha tenido un éxito. Tradicionalmente, el tema de la seguridad se divide entre los preocupados por la eficacia y los preocupados por los derechos humanos. Nosotros habíamos logrado establecer una discusión dentro del campo de la eficacia. El Gobierno fue muy hábil porque esconde con esta campaña su política de ineficacia.

Miedo político

¿Qué quiere decir que Pichetto y Berni hayan salido a respaldar a Bullrich?

–Que ellos representaban esta misma política en el gobierno anterior. Por eso digo, acá hay una continuidad más profunda.

 –Las críticas pertenecen a especialistas y organismos de derechos humanos. ¿El macrismo no tiene oposición política en este plano?

–La dirigencia política, que la fuimos empujando hacia una reingeniería del sistema de seguridad, es profundamente cobarde. Le tiene miedo a este tema, no quiere meterse o está entongada. Hemos retrocedido, se vuelve al pacto con los policías y a la política de zafar.

Sin oposición política, ¿el Gobierno puede sacar rédito en campaña?

–Hay mucha oposición social, militantes sociales, que ven la necesidad y viven los problemas. Pero hay una generación de políticos que ya demostró que no tiene el coraje cívico que hace falta. Massa tiene una política igual a la de Bullrich y los sectores progresistas están tomados por el coyunturalismo. Los que somos más viejos, pasamos el menemismo, sabemos que hay que transitar el desierto y seguir sosteniendo las mismas cosas. Pero tenemos que darles contención a los más jóvenes, que creen que se acaba el mundo.

Carrió y la tragedia

¿Qué le sugiere Carrió como principal detractora de Bullrich?

–Carrió es la que está diciendo lo que hay que decir. No lo dicen ni Stolbizer, ni los socialistas ni Solá. Su gran responsabilidad es que hizo este pacto con los mafiosos sabiendo quiénes eran. Ella sabe el nivel de subsuelo de los tipos que están manejando las cosas, los negocios policiales, la inteligencia. Mafiosos, fascistas… no sé qué más puede decir Carrió respecto de sus aliados. Pero me gustaría escucharla pedir disculpas, diciendo: “yo sabía esto y forcé a la Argentina a que hiciera una alianza con estos mafiosos”.

Con Macri.

–Con Macri, con Angelici. No puede decir que no los conocía. Carrió en su egolatría se cree capaz de evangelizar… Cuando se dio cuenta de que todos los monstruos están vivos y están todos operando atrás de ella… Me da pena porque debería haber sido la gran líder de la socialdemocracia argentina y terminó siendo la mascota de la derecha. Es un destino trágico.

Lo llamativo es que no aparezcan otras voces críticas.

–Están asustados. Durán Barba descubrió que se puede hacer política apelando al lado más estúpido de los argentinos. Los grandes planteos que se hicieron hacia finales del anterior gobierno siguen vigentes pero hoy no hay un sector político que lo exprese. Todos empiezan a ver la necesidad de los cambios en la gestión. Hoy no existe ningún político al que valga la pena acercarle ideas en Seguridad. Cuando tienen el próximo incendio, te llaman como bombero y vos tenés que ir, te tenés que jugar.

Después de 12 años en que se sobreexplotó la marca del progresismo desde el Estado…

–Hoy no vende y está lleno de oportunistas. La única es Carrió, los demás o son idiotas o tienen miedo. Y a la izquierda el FIT, que es la más coherente, le cuesta este doble juego de la democracia institucional y el subsuelo, porque para ellos todo es lo mismo, con lo cual no tiene este nivel de ductilidad.

Brasil y el pecado original

¿Qué impacto puede tener el triunfo de Bolsonaro?

–Hay cosas muy similares. Porque la política de seguridad de Lula tampoco fue una política progresista. La militarización, las favelas… es el único lugar de América Latina en el que no pudimos avanzar con una reforma en la Justicia penal, en gran medida por el poder que se le daba a la policía de investigación en tiempos de Lula. Se tuvieron que juntar todos los fiscales de América Latina porque la Policía quería poner una norma en la Constitución para impedir que los fiscales tomaran intervención en la investigación.

“La dirigencia política es profundamente cobarde.

Le tiene miedo al tema de la seguridad,

no quiere meterse o está entongada.

No está dispuesta a comprarse el problema”.

Es decir que el PT ya había perdido la batalla en materia de seguridad antes del triunfo de Bolsonaro. 

–Es así. Porque hay un pecado de fondo que es tener un discurso progresista sin acciones progresistas, de fondo, en la política de seguridad. Eso lo vas a pagar en un momento dado porque ni siquiera dejaste a las mafias tocadas como para que les cueste recomponerse. Y el discurso social cambia. Es el gran pecado de toda la centroizquierda en América Latina. ¿Por qué no lo hicieron? Creo que tiene que ver con el vínculo entre Policía y corrupción. Falta todavía el sector político que quiera asumir la reingeniería de las instituciones de seguridad para volverlas eficaces, en el contexto de una sociedad democrática compleja. En estas elecciones no creo que ninguno de los que pueden aspirar al poder, lo compre.

¿Qué hay que hacer con las fuerzas de seguridad?

–Es muy difícil ser policía en esta sociedad. Hay plata, hay droga, hay mercados del delito y el policía necesita un nivel alto de profesionalización, que no se estimula. Además, hay quiebre de los liderazgos internos y volvimos a la peor política del gobierno anterior: los servicios de Inteligencia metidos en la vida policial, en los agentes de campo, en la alianza espuria con los juzgados federales. Tenemos un gravísimo problema en ese mundo que hoy tiene 2000 ó 3000 tipos sin control.

¿Quién gobierna hoy en ese mundo opaco, después de tantos años de reinado de Stiuso?

–Hay un muy fuerte acuerdo peronista-radical con garantes como el senador Marino, denunciado ahora por abuso sexual. La administradora actual es Majdalani y ese equilibrio entre sectores del PJ y el nosiglismo yo creo que nunca fue alterado realmente por el kirchnerismo. Se quedaban en la superficie. Había un manejo ingenuo de creer que Bonadio no se iba a dar vuelta, de desconocimiento. Fijate en lo de los cuadernos. Eso es información de Inteligencia que alguien la tenía y había estado espiando al propio kirchnerismo.

¿Para quién escribía Centeno?

–Era información de Inteligencia que no sabían cómo judicializar y le encontraron esa vuelta. Eran sectores autonomizados de Inteligencia. La Justicia no avanza y la Bicameral de Control de Inteligencia no funciona, pero vamos a seguir porque estos controles en Estados Unidos llevaron varias décadas. Ahí ves también la falta de coraje cívico de la clase política, que no se anima.

¿Qué implica que haya empresarios complicados en este caso?

–Con esta nueva demostración de poder, Comodoro Py posiblemente preanuncie que esto va a ir acabándose. Para nosotros, que hace 20 años tenemos el Centro de Investigación y Prevención de Criminalidad Económica, es casi un sueño. Pero es el mismo método que se usó con Menem, todavía estamos discutiendo hoy el plazo razonable en las condenas y la Corte va a estar entrampada porque si te condenan 20 años después vos tenés derecho a decir “pasó mucho tiempo”. Comodoro Py exhibe el poder de fuego de este personaje increíble que es el juez federal de instrucción, pero al mismo tiempo todo está plagado de nulidades para que se caiga. Tienen todas las causas necesarias para agarrar al Gobierno, si pierde en 2019. Inteligencia, Comodoro Py, hay que acabar con esa gente. No tiene solución.

¿Cómo?

–Para nosotros, la investigación a los fiscales cambia los equilibrios. Si vos tenés 100 fiscales, se acabaron estos 12 todopoderosos. Tenés jueces de garantía sin poder de investigación, sino de control. Rompes el sujeto hegemónico. Hoy estos tipos no tienen ningún control, tienen un poder enorme y tienen encima la Inteligencia atrás, es absolutamente insostenible. Ya en América Latina no existe algo similar. La forma de acabarlo es el nuevo Código Procesal Penal y la nueva Ley de Ministerio Público, para cambiar el juego. Pero ni el gobierno anterior ni este quisieron avanzar en serio. Hace falta una generación de políticos que no les tenga miedo a estos 12 tipos.

No se salva nadie.

–Ya no quiero hacer distinciones. Los 12 jueces federales están todos en la joda. Todos tienen algún tipo de relación espuria; todos se sostienen, juegan un juego, y hablan con operadores judiciales; está Angelici, está Torello.

¿Ve persistir la influencia de Manzano y sectores del PJ en ese ámbito?

–A mi juicio, Manzano y Nosiglia son los dos tipos que construyeron el subsuelo de la democracia, al estilo italiano. A través de Bonadio, a través de Inteligencia, a través de los medios de Vila. Se dieron cuenta de que la democracia se podía manejar con los negocios, la Inteligencia y la Justicia. Pactaron permanentemente y hoy siguen pactando. Pero me parece que este subsuelo emergió más de lo que tenían calculado. A alguien se le fue la mano y hoy no saben qué hacer.

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