INECIP en los medios

“Uno de los desafíos es construir agendas políticas en las que se pueda construir emancipación y exigibilidad”

Ileana Arduino, experta en seguridad y políticas de género, sostuvo que en los casos de femicidios se observa “la apelación a la gravedad del hecho para el reforzamiento de las respuestas punitivas que solo producen un conjunto de problemas nuevos y trabajan con la lógica de ensañamiento en algunos victimarios”. Además se preguntó sobre el rol del Estado en materia de luchas de género y sostuvo que pese a ser “un agente reproductor de las lógicas heteropratriarcales” también es “un espacio de disputa”.

21 Jun 2017

En un tercer aniversario de la marcha Ni Una Menos, miles de mujeres marcharán mañana del Congreso a la Plaza de Mayo y en las principales plazas de las ciudades del interior en contra de la violencia de género y para exigir igualdad de derechos.

En este marco Nueva Ciudad dialogó con la abogada Ileana Arduino, quién se desempeñó como Directora de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa de la Nación donde tuvo a cargo el desarrollo e implementación de la política sectorial de género para las Fuerzas Armadas y fue Subdirectora del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP), entre otras cosas y explicó la problemática del tratamiento punitivista de la ley en los casos de femicidios; el rol del Estado en la lucha por la igualdad de género y el cambio de las fuerzas de seguridad hoy.

¿Qué lectura haces respecto al uso que se está haciendo sobre los femicidios y el tratamiento más punitivista de la ley?

Es un uso bastante estándar. Lo que se ve como regularidad es siempre la apelación a la gravedad del hecho para el reforzamiento de las respuestas punitivas, del endurecimiento de los sistemas penitenciarios y del aumento de las escalas penales o creación de nuevos delitos. Estas son respuestas que están comprobadas en su ineficacia, solo producen un conjunto de problemas nuevos y trabajan con la lógica de ensañamiento en algunos victimarios porque los sistemas penales solo detectan algunos casos y, al mismo tiempo lo que hay, como correlato, es una desatención de las personas que han sido victimizadas. Como mucho van a ser reconocidas como víctimas, que es la forma neoliberal de reconocimiento por excelencia pero respecto de las condiciones estructurales de victimización, la desigualdad estructural en las que las personas están sometidas en relación de género, las desigualdades económicas y el conjunto de vulnerabilidades que las personas hayan estado en esos términos queda desatendido.

En la última movilización que se hizo hubo 16 detenciones ¿Qué rol están teniendo las fuerzas de seguridad hoy?

En este momento una de las características de la movilización alrededor de las luchas de género, de las demandas feministas en un sentido más amplio, es también la reivindicación de un conjunto de luchas sociales, de expresión de conflictividad que tienen que ver con la profundización de las desigualdades en nuestras sociedades y la ocupación del espacio público por parte de las mujeres o por parte de las expresiones de género no hegemónicas y esto es algo que siempre ha tenido un tratamiento policial diferenciado.

Por ejemplo las manifestaciones chilenas de los últimos años han tenido una política de represión sexualizada dirigida a las estudiantes mujeres respecto de los estudiantes varones; o si uno viera las marchas por Milagro Sala la policía tenía un tratamiento diferente respecto de si el cuerpo era signado por lo femenino o por lo masculino. Eso tiene que ver con una función disciplinante respecto de la ocupación del espacio público.

En el esquema del régimen del estatus de género que sabemos que nos precede, su transformación es muy lenta, todavía está muy arraigado la necesidad de reconducirnos de la escena pública o política que está definida como un espacio de ocupación masculino. En este sentido hay un tipo de violencia que se dirige a esos cuerpos en primer lugar. Además en el caso de la última manifestación, no fueron cualquier cuerpo femenino. Hubo un hostigamiento dirigido a una sexualidad que se suponía disidente porque las chicas detenidas no respondían al estereotipo femenino pero también es un mensaje para el resto de los sectores que se movilizan.

¿Y qué opinión te merece poner mujeres políticas en primera línea?

En general la utilización de recursos de personal femenino no elimina que le intervención represiva sea misógina. Que las fuerzas de seguridad que sean cuerpos biológicamente asignados a lo femenino no significan que no vaya a ver ahí intervenciones que reproducen la lógica patriarcal.

Si vemos el episodio que hubo respecto a la intervención de las compañeras que estaban en tetas en la playa, la intervención más violenta es de una policía mujer, fue personal femenino. En ese sentido hay que tener cuidado con los esencialismos. Claro que no da lo mismo ser requisado por un personal masculino o femenino pero no se agotan todas las posibilidades de violencia misógina en la identidad de género de las personas que son puestas a desarrollar una tarea. Es más bien una lógica que hay que definir como patriarcal o no patriarcal.

Para algunos sectores del feminismo el Estado es visto como un “enemigo” ¿Cuál crees que es el rol del Estado en las luchas de género?

Es importante tener presente que el Estado es un agente reproductor de las lógicas heteropratriarcales pero también es un espacio de disputa. En la Argentina y sobre todo con este cambio de Gobierno se puede observar como no da lo mismo la orientación que pueda tener el Estado y la disputa que pueden darse.

Pueden haber expresiones estatales que capturan las demandas de género y las vuelven demandas hegemónicas, que utilizan el género como una herramienta de adorno, de cierta utilería de las políticas públicas porque queda bien y que plantean una relación de elites que tienen una agenda de género desde el Estado u organismo internacionales y que instrumentan la agenda de sectores populares para la aplicación de las políticas que no cuestionan las estructuras de desigualdad en las que se inscriben las desigualdades de género. Por ejemplo: los programas típicamente clientelistas que no apuntan a una real transferencia de derechos tienen esta lógica.

Sin embargo hay transiciones, hay posibilidades de discutir los roles de la estatalidad y además todas y todos no somos iguales en relación con la necesidad de un recurso estatal. Me pregunto si da los mismo tener un Estado que reconozca la identidad de género como un derecho; si da los mismo tener un Estado que reconozca la identidad de género cuyo principal valor es la autopercepción y escoja una regulación que elimina la patologización de la identidad de género ¿Da lo mismo tener un Estado que reconozca la necesidad de tener educación integral o prescindimos de esa estatalidad y podemos desarrollarlo autónomamente?

Me parece que el camino siempre es desde la lucha popular pero hay algunas estrategias que pueden apoyarse en una forma de relación distinta de estatalidad que no es la que existe en este momento y que no es la que promueven las ONGs.

Uno de los desafíos es construir agendas políticas en las que uno pueda construir emancipación y exigibilidad sin tener que estar en una posición de renuncia respecto de las agendas más libertarias.

Pese al pronunciamiento del Gobierno de la Ciudad respecto al apoyo a la lucha por la igualdad de género, en materia de avances de derecho como por ejemplo en el establecimiento del cupo laboral trans se presentan varias limitaciones ¿Qué opinión te merece tal situación?

Es una expresión concreta de negación de derechos sustentada en la negación de esas identidades. No solo una contradicción de no reconocerse el ejercicio, por ejemplo, del trabajo sexual como un trabajo que debe ser reconocido sino que es una condena a la ilegalidad. Si sabemos las dificultades que se presentan para el colectivo trans el acceso al mercado laboral, lo que hay es una decisión estatal de condena a una cierta forma de vida.

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