Criminalidad económica

Falcone y el coraje cívico contra la mafia

28 May 2026

Por Pedro Biscay*

El 23 de mayo se conmemoró un nuevo aniversario del asesinato del juez antimafia italiano Giovanni Falcone. En 1992, su vida encontró fin a través de una operación criminal ejecutada por la Cosa Nostra, que, tras meses de planificación, hizo explotar un tramo de la autopista por la que transitaban el vehículo que lo trasladaba y los automóviles de su custodia, luego de arribar desde Roma al aeropuerto de Palermo. Junto a él murieron también su esposa, Francesca Morvillo, y tres integrantes de su escolta.

Falcone dirigió vastas investigaciones contra la mafia, entre ellas el célebre Maxiproceso de Palermo, donde se obtuvieron condenas históricas contra importantes jefes mafiosos.

Fue además un impulsor decisivo en el desarrollo de técnicas de investigación financiera orientadas a seguir el dinero procedente del crimen a través de múltiples jurisdicciones internacionales, hasta quebrar el equilibrio cómplice entre banqueros sicilianos y traficantes de heroína. Construyó vínculos de cooperación judicial con agencias de los Estados Unidos que permitieron investigar operaciones de financiamiento del narcotráfico y reconstruir distintos nodos de las redes criminales ligadas a los clanes mafiosos que controlaban el mercado de drogas a ambos lados del Atlántico.

No es arriesgado afirmar que gran parte de las herramientas utilizadas actualmente en numerosos países para investigar delitos de criminalidad organizada fueron desarrolladas, en buena medida, gracias a su compromiso con la justicia y con la lucha contra la impunidad producida por los íntimos vínculos que la mafia sabe tejer con los poderes de turno.

Sin embargo, sería injusto recordar a Falcone únicamente por sus aportes a las técnicas de investigación financiera, especialmente si se olvida que su carrera judicial estuvo marcada por un contexto permanente de violencia y muerte provocado por el accionar de la Cosa Nostra. Una frase célebre resume con crudeza la ética que sostuvo al frente de la magistratura. En una oportunidad, estando junto a su esposa, le preguntaron por qué no tenían hijos y respondió: “No se traen huérfanos al mundo”. La conciencia de la muerte jamás frenó su decisión de avanzar contra los núcleos más corruptos del poder, aun sabiendo que ello podía exigir sacrificios tan altos como su propia vida y la de la mujer que amaba.

Falcone fue el ejemplo vivo de una ética de la magistratura que colocó el coraje y la virtud cívica por encima del oportunismo acomodaticio al servicio de los equilibrios del poder. Hoy, esa ética parece haberse convertido en un gesto excepcional. Falcone también dejó otra enseñanza perdurable: en toda sociedad es posible recuperar el coraje cívico necesario para desenmascarar los vínculos entre la mafia, la corrupción y el poder, cualquiera sea la forma que adopten. El crimen organizado amenaza cada vez más el ideal de vida en una sociedad pacífica, justa y democrática. Enfrentarlo requiere de un compromiso tan sensible que no podemos dejarlo solo en mano de los jueces, sobre todo cuando una parte del Poder Judicial abdica de su misión más elemental y se pone al servicio de aquellos a los que debería perseguir.

* Pedro Biscay es Director Ejecutivo del Centro de Investigación y Prevención de la Criminalidad Económica (CIPCE).