Por Fernando Vallone*
El filósofo del derecho Ronald Dworkin, para graficar su teoría ius filosófica, aludía a un juez ideal al que llamaba Hércules. Lo representaba como un magistrado dotado de capacidad intelectual, tiempo y conocimiento suficientes para afrontar la interpretación del derecho de manera íntegra y coherente, y así brindar la mejor respuesta jurídica posible.
Al sur de Italia, en la relegada Sicilia de la década del ochenta, vivió y ejerció su magistratura el juez Giovanni Falcone, que supo estar a la altura de lo que necesitaba su comunidad y dedicó su vida a transformar el derecho y el modelo de justicia que esa realidad exigía.
Con capacidades humanas, jurídicas y de trabajo extraordinarias, aunque lejos del ideal dworkiniano, Falcone diseñó y ejecutó un modelo de investigación del crimen organizado que azotaba con extrema violencia a la isla.
Eran los años de plomo de Cosa Nostra, por entonces liderada por Totò Riina, un despiadado corleones que, con la connivencia de sectores del poder político y económico de aquella Italia, se enfrentó al Estado asesinando no solo a quienes se oponían dentro de la propia organización mafiosa, sino también a jueces, fiscales, policías, periodistas y dirigentes políticos, así como también a simples ciudadanos que tuvieron la desdicha de estar en el lugar equivocado.
Falcone, que había visto caer asesinados a colegas y colaboradores, integró el denominado pool antimafia, ideado por el magistrado Rocco Chinnici (asesinado por Cosa Nostra en 1983), junto con Paolo Borsellino, Antonino Caponnetto, Giuseppe Di Lello y Leonardo Guarnotta. Esa experiencia derivó en el denominado Maxiproceso de Palermo, que permitió la captura, el juzgamiento y la condena de numerosos integrantes de la organización mafiosa.
Falcone entendió, como pocos, la necesidad de abordar el crimen organizado desde una perspectiva económica, indagando y atacando sus ganancias. El juez Falcone no tenía la capacidad sobrehumana del Hércules dworkiniano, pero integró a su conocimiento jurídico una comprensión profunda del sufrimiento de su pueblo. Inserto en su comunidad desde pequeño, comprendía como pocos la forma de actuar, relacionarse y ejercer poder de los miembros de Cosa Nostra.
La cercanía del poder político con la comunidad ha sido abordada por Pierre Rosanvallon (2009) desde su idea de “legitimidad de proximidad”, fundada en el establecimiento de un vínculo estrecho entre el gobernante, o el poder local, y la comunidad, con el fin de empatizar y comprender el contexto de las necesidades sociales que aquejan a los ciudadanos. Esa legitimidad se construye a partir de mecanismos de escucha, presencia y atención concreta hacia la ciudadanía.
En una línea próxima, Stephanos Bibas (2012) advierte cómo la profesionalización del sistema judicial terminó expulsando a los ciudadanos y entregando el monopolio de la justicia a los expertos legales, con la consecuente construcción de un sistema hermético y técnico. Bibas destaca, además, que ese sistema oculta y aísla del escrutinio público su propia eficiencia, mientras quienes están dentro suelen preocuparse por la cantidad, quienes quedan afuera reclaman, sobre todo, calidad.
Giovanni Falcone no fue Hércules. A las 17:58 horas del 23 de mayo de 1992, se dirigía junto con su esposa y su custodia oficial hacia el aeropuerto de Palermo, en la ciudad de Capaci, para continuar su trabajo contra el crimen organizado desde su nuevo cargo en Roma, cuando 400 kilos de explosivos colocados debajo de la ruta acabaron con su vida, la de su esposa Francesca Morvillo, y la de tres agentes de su custodia.
“Los hombres pasan. Las ideas quedan; quedan sus tensiones morales, que seguirán caminando sobre las piernas de otros hombres”. Esa frase de Falcone está grabada en el bloque de piedra de su tumba, en la iglesia de San Domenico, en Palermo. Allí, casi treinta y cinco años después de su asesinato, el pueblo siciliano todavía le ofrece cartas de agradecimiento.
Recordar esas palabras tal vez sea la mejor forma de mostrarle al mundo que un juez, sin poderes sobrehumanos, pero con integridad y un profundo compromiso con la realidad y sufrimiento de su comunidad, puede hacer la diferencia para brindarle a su pueblo la mejor respuesta jurídica humanamente posible.
* Fernando Vallone es funcionario judicial con amplia trayectoria en investigaciones sobre delincuencia económica y crimen organizado. Obtuvo el Máster Universitario de Segundo Nivel en Análisis, Prevención y Lucha contra la Criminalidad Organizada y la Corrupción (Universidad de Pisa), así como cursos de posgrado en las universidades de Buenos Aires y Austral, en materia de delitos económicos.
Foto de portada: Fernando Vallone