INECIP en los medios

Una AFI que no sea otra SIDE

Columna de opinión de Alberto Binder.

2 Mar 2020

Columna de Opinión de Alberto Binder para Clarín 

Es tan grande la confusión que ha generado la maraña mafiosa que tejieron los servicios de inteligencia en los últimos años, que se ha perdido el rumbo de sus verdaderas funciones. Hasta tal punto que hay voces que simplemente piden que cerremos los servicios de inteligencia, porque nada bueno puede salir de allí.

Pero la ley de Inteligencia y el decreto 1311 que nuevamente puesto en vigencia organiza a la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), son bastante claros sobre sus funciones.

Veamos, en primer lugar, lo que no debe hacer. Dice art. 4 de la Ley de Inteligencia: Ningún organismo de inteligencia podrá: 1º Realizar tareas represivas, poseer facultades compulsivas, cumplir, por sí, funciones policiales. 2º Tampoco podrán cumplir funciones de investigación criminal, salvo ante requerimiento específico y fundado realizado por autoridad judicial competente en el marco de una causa concreta sometida a su jurisdicción, o que se encuentre, para ello, autorizado por ley, en cuyo caso le serán aplicables las reglas procesales correspondientes.

Según la ley, los organismos de inteligencia no puede realizar tareas represivas, es decir, no pueden detener ni arrestar a ninguna persona. No pueden cumplir funciones policiales. Es decir no pueden cumplir funciones preventivas de delitos, hacer patrullajes, vigilar personas para que no cometan delitos, desbaratar bandas criminales, etc.

Todo lo que le es preventivo policial o disuasivo le está prohibido a los organismos de inteligencia. Tampoco -es decir tiene prohibido- realizar tareas de investigación criminal, salvo que la ley especialmente la autorice o un juez en una causa concreta y por resolución fundada lo pida.

En esos casos actúan bajo las reglas procesales, es decir, pueden ser citados en juicio, como cualquier detective o policía de investigaciones. Esa excepción ha sido nefasta para el desarrollo de los servicios de inteligencia y todos los esfuerzos están concentrados hoy en día en cerrar definitivamente esa excepción. Es decir no es una policía preventiva ni una policía de investigaciones.

¿Qué es lo que debe hacer? La ley es clara también: “obtención, reunión, sistematización y análisis de la información específica referida a los hechos, riesgos y conflictos que afecten la Defensa Nacional y la seguridad interior de la Nación”.

El decreto 1311 es más claro aún: sus tareas consisten en reunir información, darle sentido e informar a las autoridades operativas. Sus interlocutores son muy pocos. El Presidente de la Nación, los Ministros de Defensa y Seguridad, y el Procurador General de la Nación, cuando surja una alerta que puede derivar en la necesidad de comenzar una investigación preliminar por los fiscales.

Para llevar adelante su misión necesita, en primer lugar personas idóneas para recolectar información: muchas de ellas son expertos en la búsqueda de información de fuentes abiertas, ya que en un porcentaje muy alto se trata de buscar y sistematizar información publicada en fuentes remotas y no tanto; otros serán expertos en reunir información de campo, que es más difícil y requiere una clara orientación y profesionalización.

Allí estarán los “agentes de campo”, que hoy pululan innecesariamente en las plantillas, sin orientación ni profesionalización. Y, el recurso principal y definitorio serán los analistas que orientan la búsqueda de la información, la sistematizan, le dan sentidos posibles, detectan alertas, y construyen informes serios para las autoridades. Los servicios de inteligencia deben informar a las instituciones operativas con antelación y seriedad para que las tareas preventivas que ellos deben realizar sean eficaces. La Agencia Federal de Inteligencia no es una agencia operativa sino productora de información y alertas.

Todo esto se hace mediante directrices y operaciones de inteligencia específicas, aprobadas por sus autoridades, y que variarán según los casos y las necesidades. Hoy la AFI tiene un despliegue por el interior del país, por ejemplo, que en nada sirve a estos propósitos; o tiene personal destacado en el exterior que no responde a operaciones claras de inteligencia.

Claro está que existen tareas específicas, como es la contrainteligencia, que funciona con otra dinámica, o la administración o el control y supervisión interno.

Pero si no se reconstruye la columna vertebral del trabajo de inteligencia y se lo dota de la máxima calidad y profesionalismo, lo que tendremos será una pobrísima versión del imaginario de las películas y series o detectives improvisados, casi siempre tentados a producir informes falsamente alarmistas y orientados a fantasmas instalados en la vida social y política del país. ¿No hemos visto los resultados de este camino?

Alberto Binder es presidente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Sociales y Penales (INECIP).
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